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Primeres Jornades Catalanes de la Dona (Ruta feminista de La Tija)

Las escritoras de mi país han conseguido que mi adolescente interior deje de poner el foco en todo aquello que pasa fuera de nuestras fronteras y que dirija mi mirada hacia casa -o, siendo sinceras, que la dosifique-. Ellas, y la conciencia adquirida de que no todo lo que reluce es oro -¿qué demonios es el sueño americano?- combinado con que lo personal es político -repito la frase como un mantra sin poder evitarlo después de haber leído a Marta Sanz y sus Monstruas y Centauras- me lleva a centrar la vista ya no solo en nuestro territorio si no que reduce mi atención en mi ciudad o mi centro de actuación. Descubro mi obligación de conocer mejor mi campo de batalla. Una vez una amiga me dijo que le gustaba viajar y pensar que en cada calle existía un recuerdo para una persona que había vivido allí toda la vida y que siempre recordaría un cierto momento en el tiempo con cariño cuando pasara por dicho lugar. Hoy vuelvo a la conversación y pienso que la entiendo pero que no hace falta viajar: en todas partes todas compartimos lugares aunque no los mismos recuerdos o significados. Eso es personal. Disculpad que me repita. Empiezo otra vez: lo personal también puede ser colectivo. El feminismo tiene lugares en Barcelona a los que ha asignado recuerdos que ahora nos pertenecen a todas y que debemos conocer, porque de aquellos barros, estos lodos con los que no me molesta ensuciarme las manos.

 

Uno de estos lugares comunes es el Paraninfo de la Universitat de Barcelona, que está considerado el espacio que representa mejor la universidad y que además se encuentra en el corazón mismo de ésta. Es una localización de la cual podemos disfrutar las estudiantes de la UB Central cada día, aunque también cualquiera que se acerque al campus para visitar el edificio histórico y es que, como las flâneusses, hacemos propia la ciudad caminándola y hacemos propio el paraninfo visitándolo. 

 

Del 27 al 30 de mayo de 1976, las feministas se adueñaron del edificio central y de este paraninfo celebrando las Primeres Jornades Catalanes de la Dona, consideradas la eclosión de la segunda ola del feminismo en Catalunya. Además, fue uno de los primeros actos con participación ciudadana después de la dictadura donde se expusieron en debates públicos las demandas de las mujeres después del franquismo. Asistieron más de 4.000 mujeres (500 por sesión durante los cuatro días) y 15 asociaciones de trabajadoras. Estuvieron presentes mujeres de todo tipo de ideologías: militantes de partidos políticos (desde la democracia cristiana hasta la izquierda revolucionaria y nacionalistas) o organizaciones clandestinas, estudiantes, feministas independientes, el Seminari Col·lectiu Feminista…  

 

Uno de los temas principales de esta jornada se puede resumir en la intervención de una de las participantes, recogida en el libro de Mary Nash Trabajadoras: un siglo de trabajo femenino en Catalunya: “La mujer que trabaja está sometida a una doble explotación: la que sufre sobre su fuerza de trabajo y la producida por su condición de ama de casa. Efectivamente, a cualquier trabajadora cuando acaba la jornada de ocho, nueve o más horas, le esperan en casa otras tareas que alargan más su trabajo.” Es decir, que no habrá igualdad en el mundo laboral si la igualdad no se demuestra en el ambiente doméstico. La cosa no cambió inmediatamente. Tres años más tarde la Comisión Obrera Nacional de Catalunya decía que “la mujer, aunque trabaje, sigue siendo por obra y gracia de  ́la madre naturaleza ́!!! la encargada de realizar estas tareas y lo que hace es una doble jornada laboral, reportando beneficios económicos al capitalista que no invierte en guarderías ni servicios colectivos y al hombre que tiene criada en casa”. Es una consigna que todavía tenemos que escuchar.

Después de tantos años de silencio se trataron otros temas como la mujer en los barrios, la familia, la educación, los medios de comunicación, la participación política de las mujeres, la legislación, la mujer en el mundo rural, la sexualidad… Y, evidentemente, la práctica feminista y su articulación con la práctica política. Las jornadas fueron un punto de inflexión y un comienzo a un debate que era imposible terminar en menos de una semana pero que fue lo que se pretendía que fuera: un principio. Un punto de partida. 

 

Con este primer episodio del feminismo barcelonés os invito a peregrinar hasta un sitio que hoy es el corazón de muchas otras luchas sociales con las que podéis sentiros más identificadas o menos. Espero, eso sí, que la próxima vez que levantéis la mirada hacia la Universitat de Barcelona recordéis que sí, que no hace tanto tiempo más de 4.000 mujeres se reunieron para sentar las bases de una guerra que hoy todavía se sigue luchando. Deseo que recordéis las bases que se asentaron durante cuatro días, resumiendo años de opresión y allanando el trabajo de las feministas que vendrían después. Espero que recordéis que este sitio ahora es vuestro tanto como lo es de las mujeres del mayo del 76. Sobre todo espero esto último: que recordéis. 

 

Maria F. Beltran

 

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