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Virginia Woolf también es musa (pero en plan bien)

Fue en segundo de carrera cuando descubrí a Virginia Woolf. Con descubrir me refiero a descubrirla de verdad, no a haber escuchado su nombre. Me refiero a un descubrimiento real, que implica conocimiento, que implica lectura y análisis e investigación, incluso, porque quien se tropieza con la escritura de Woolf no puede hacer más que indagar e indagar e indagar… Y quedar maravillosamente atrapada y asombrada por la vida de tan singular personaje. 

 

Así que no fue solamente la lectura paciente, dedicada y cariñosa que le dediqué a su A room of one’s own desde la comodidad de mi casa, mi casa que huele a incienso casi siempre aunque no recuerdo ahora exactamente a qué olía ese día ni recuerdo siquiera si estaba sola en el piso ni ninguna conversación que tuviera lugar durante las horas anteriores y posteriores a leer a Woolf en mi habitación propia, no recuerdo ningún detalle después de dedicar una lectura atenta alentada por la pasión que inundaba la voz de mi profesora favorita cuando nos hablaba de la obra de Virginia en clase. Tampoco fue por los textos que trabajamos con mis compañeras para los exámenes y trabajos que se nos venían encima. No fue solamente el estilo impecable que descubrí en sus numerosas obras, no fue el “aquel día la señora Dalloway fue ella misma a por las flores”, ni fue su Orlando, o su Faro, o sus Olas. No fue solamente todo aquello que era tan extenso y que a su vez también fue el motivo principal, la casilla de salida, lo que precisamente me sacudió por primera vez y que precisamente por ello no carece, ni de lejos, de importancia. No fue su excelencia literaria, simplemente, la que colocó a Virginia Woolf en lo más alto de mi lista de descubrimientos universitarios. Fue algo más. 

 

La humanidad que descubrí de Virginia mezclada con su innegable talento presentaban una combinación que justifica que a día de hoy todavía, artistas de diferentes esferas, se sigan inspirando en su figura. Pintoras e ilustradoras continúan presentando obras gráficas de Woolf que no puedo evitar guardar o compartir cada vez que aparecen en la pantalla de mi teléfono. Su recuerdo en la literatura continúa vivo ya no solamente por su propia escritura, que no necesita de nadie para ser recordada, si no que también sigue despertando el interés de escritoras, todavía en un siglo que no es el mismo en el que vivió ella, todavía ahora que ¿cuánto más podemos decir sobre ella que no se sepa ya? ¿Qué hay de nuevo sobre Woolf, realmente? Pero siempre hay algo. Siempre.

 

Pilar Bellver escribió un libro hermoso sobre ella y Vita. María Moreno dice en su libro Panfleto: Erótica y feminismo que si el grupo de Bloomsbury hizo una cosa bien fue la de quererse en privado sin que el mundo exterior ensuciara sus historias, y Vita y Virginia fueron, plácidamente. Sucedieron y Virginia escribió Orlando para Vita porque su amante no podía heredar Knole, su hogar, por su condición de mujer. Virginia le regaló a Vita un hogar eterno entre sus páginas que es lo más grande que una escritora tiene para ofrecer. La historia de amor de Virginia fue también inspiración para una película, Vita y Virginia, dirigida por Chanya Button. 

 

¿Cómo no iba a inspirar tales obras maestras alguien que a pesar de sufrir tantísimo dolor, de perder a tanta gente, no infringía daño alguno en los demás?

 

Las Horas es otra gran película inspirada en la señora Dalloway, donde Nicole Kidman (que está irreconocible en su papel de escritora maldita) y Meryl Streep, la señora Dalloway moderna, crean una auténtica maravilla audiovisual, donde también podemos observar a Vanessa Bell, su hermana mayor y la persona a la que más amaba la escritora. Ver el cariño que Virginia era capaz de profesar tan solo hace que todas aquellas que aprendemos sobre ella la lleguemos a adorar más. Si no lo hacíamos ya después de conocer la lucha que mantuvo contra su depresión y después de comprobar los ejercicios de introspección a los que se sometía ella misma para conocerse mejor a ella y a su puta enfermedad puta que Claudia Piñeiro diría. 

 

Virginia era una mujer llena de contradicciones pero brillante a la vez, y cada vez que leo a Pilar Bellver o que veo alguna película basada en su vida no puedo evitar pensar que, si tuviera delante a Virginia Woolf probablemente yo también me quedaría completa e irremediablemente deslumbrada por ella. 

 

Si escribiera todos y cada uno de los motivos por los cuales admiro a Virginia Woolf y que con total seguridad comparto con muchísimas más personas, estaría robándole a otra persona el placer de descubrir quién era Virginia y de enamorarse completamente de ella. Es por ello que recomiendo encarecidamente que leáis a Pilar, de quien vais a obtener mucha más bibliografía para leer. que veais estas dos películas, que busquéis biografías y que, sobretodo, la leáis a ella. Leed siempre a Virginia Woolf. 

 

Maria F. Beltran

 

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Comentarios: 1
  • #1

    Cesar (lunes, 06 abril 2020 17:53)

    Encantado y dispuesto a descubrir a la señora wolf!

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