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Día Mundial Contra el Cáncer de Mama

Cualquier ayuda que brinde el capitalismo a quien la necesite es una simple ilusión. El sistema escoge sus luchas, se posiciona del lado del bando que le resulte más favorable, se rodea de aquellos que le ayudan a camuflar el olor a peligro, como un lobo escondido en medio de un rebaño de ovejas, vestido con sus pieles. Sabe que la única manera de que alguien se acostumbre al peligro es fingiendo docilidad y creando, a la vez, dependencia. El autoengaño es más efectivo que cualquier mentira urdida por el enemigo encubierto, la alternativa tiene que parecer demasiado intangible, como si agarrarlo supusiera atrapar el agua con las manos, como para planteársela.

 

Es un hecho que la revolución será feminista o no será, que hemos empezado a arremeter contra los enemigos que nos han estado oprimiendo durante siglos y que, pasito a pasito y batalla a batalla, estamos ganando la guerra. Es por ello que, siguiendo la famosa estrategia de “si no puedes con el enemigo únete a él”, o como dicen las malas lenguas, la del buitre chaquetero, las grandes empresas se llenan la boca de igualdad de oportunidades, del salario igualitario, las condenas del acoso sexual… Así que no es de extrañar que la lucha contra el cáncer de mama sirva también para blanquear su imagen. No es ninguna sorpresa que hayan encontrado una nueva manera  de comercializar con las mujeres, aunque no es por eso menos repugnante.

 

Hay alrededor de 1,2 millones de casos en todo el mundo cada año. La enfermedad afecta a una de cada ocho mujeres y es su segunda causa de muerte por cáncer. En octubre, que es el mes de la lucha, los escaparates se tiñen de rosa y nos bombardean con cientos de anuncios. Está bien que se intente concienciar a las mujeres, es completamente necesario, pero también es cierto que recibimos mensajes en contra de la violencia machista durante todo el día y no por eso el número de asesinatos y violaciones cambia de un año para otro. Pero, ¿se limitan a visibilizar? ¿Son reales las inversiones que aportan a la investigación o no es nada más que una cifra simbólica? Porque en el documental Lazos Rosas S.L explican que una empresa, por cada compra, donaban un penique a la causa. Un solo penique, independientemente de si el importe recibido era de diez dólares como de diez mil. Mientras, su campaña rezaba que “cada dólar importa”. La estrategia fue desmantelada y el anuncio retirado, pero eso no quita que intentaran utilizar el lazo rosa para su propio beneficio. Igual que hizo Ford, creando un anuncio con simbología guerrera rosa, para que las compradoras se sintieran identificadas con el producto que se vendía. Me parece la forma más ruin de comercializar con el cuerpo de la mujer, si me preguntáis. De la misma manera que hay leches que ponen en sus envases el lazo rosa mientras su producto contiene la hormona del crecimiento bovino, del mismo modo que empresas de cosméticos tienen el nervio de posicionarse a favor de la lucha utilizando materiales cancerígenos como el aluminio.

 

No contentos con enmascarar el hecho de que la salud del consumidor es menos importante que su dinero, las empresas tienen la manía de hablar de los resultados que se obtienen a través de sus aportaciones y no del valor de la aportación real. ¿Cuánto de nuestro dinero realmente es invertido en la investigación? ¿Y si hubierais donado un poco más? ¿Y si lo destináis a la prevención, a encontrar el origen? ¿Cómo vais a encontrar la cura si no hay un origen? Cambiemos las preguntas. 

 

Pero no hay que cambiar solo las preguntas. Hay que aprender a ser conscientes. Hay que desmitificar el cáncer de mama, tal y como lo explica el documental que he mencionado anteriormente. No es algo bonito ni femenino y por algún motivo hemos creado un ambiente festivo y romántico alrededor de una enfermedad que es, cuanto menos, devastadora. Dejemos de recibir la publicidad engañosa de las grandes empresas y centrémonos en las campañas que se preocupan realmente por nosotras, las que ofrecen resultados reales, las que intentan de verdad prevenir la enfermedad y dar información real sobre ella. El cáncer de mama no es rosa, es un marrón que te cagas. Cualquier mujer que haya sobrevivido al horror que es esta enfermedad, afirmará sin lugar a dudas que el movimiento del lazo rosa no la representa.

 

Con todo esto no digo que dejemos de comprar productos a todas las empresas que utilicen el lazo rosa, ni mucho menos. Tan solo llamo a vuestro pensamiento crítico. Pido humildemente que no dejemos que se comercialice con algo tan serio como es nuestra salud. Ya está bien de vender y utilizar el cuerpo de las mujeres, de cualquier manera. Investigad sobre dónde va a ir a parar vuestro dinero, leed sobre prevención y origen (no se destina suficiente dinero, tiempo ni esfuerzo y es primordial), id a las revisiones, explorad vuestro cuerpo en busca de cualquier signo, escuchad a las supervivientes y a sus historias reales, no las edulcoradas. Nunca, nunca dejéis de preguntar ni de dudar, solo así tendremos las respuestas. 

 

Maria Fernández Beltran

 

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