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Día Mundial de las Escritoras

En La Tija buscamos crecer cada día un poco más para que nazcan las flores brillantes, de colores vistosos y perfume intenso que es la literatura escrita por mujeres. Buscamos ser un espacio donde poder florecer en paz en medio de tanta guerra, un campo donde sembrar y recoger lo que tantas mujeres de generaciones pasadas plantaron cuando descubrieron caminos ocultos, donde proteger las semillas que siguen luchando por germinar a día de hoy. Aquí, a parte de ser La Tija, somos tierra fértil y el fruto que nace y crece, aunque todavía no haya llegado la primavera. No olvidamos que el invierno contra el que estamos luchando, por supuesto, no es el primero: no olvidamos a las mujeres que sembraron antes que nosotras y que, con mimo y paciencia, consiguieron que sus jardines personales sobrevivieran la edad de hielo, que nos dieron algunas lecciones de jardinería las cuales hoy seguimos utilizando y que nos facilitan el trabajo. Desde La Tija os deseamos un feliz Día de las Escritoras, un feliz inicio de la primavera. 

 

Isabel Allende (1942)

 

No puedo hacer más que describir a Allende como una leyenda viva, merecedora de una ingente cantidad de premios. Ha escrito libros como La casa de los espíritus (que es la obra que la catapultó hasta lo más alto y con la cual aprendió a volar), El amante japonés (en el que trata el amor en tiempos de guerra de una manera exquisita), De amor y de sombra (en el cual habla de la dictadura chilena) o Paula (que se trata de un libro autobiográfico). Allende camina por el realismo mágico como si de su propia casa se tratara. Dicen que la fase del enamoramiento se desvanece, y yo digo que quien hace tal afirmación no ha mirado cara a cara la literatura de Isabel. 

 

“... y quien diga que todo fuego se apaga solo tarde o temprano, se equivoca: hay pasiones que son incendios hasta que las ahoga el destino de un zarpazo y aun así quedan brasas calientes listas para arder apenas se les da oxígeno.”

 

Anna Akhmàtova (1889-1966)

 

Es un hecho que Akhmàtova fue una figura clave en la poesía rusa del siglo XX. Se apropió del Acmeísmo, movimiento que pretendía utilizar el lenguaje poético de forma clara y sobria, sin dotarlo de dobles sentidos. La poesía de Akhmàtova evolucionó de un tono íntimo a un tono más patriótico a través de los años, hasta el punto de que su poema Réquiem no fue editado en la URSS hasta el año 1987 por ser demasiado polémico. La guerra hirió a Anna en lo más profundo y le dejó una cicatriz que la acompañó toda su vida. No solo tuvo que soportar las muertes de sus dos maridos, uno fusilado y otro de agotamiento en un campo de concentración, y el destierro de su hijo a Siberia: ella misma fue deportada y acusada de traición y sus poemas fueron prohibidos.

 

“Ahora ya nadie querrá escuchar canciones.

Los amargos días profetizados llegan desde la colina.

Te lo digo, canción, el mundo ya no tiene maravillas.”

 

Angela Davis (1944):

 

En La Tija no dudamos nunca en hacer alusión a Angela Davis, un auténtico portento a nuestro parecer. Davis se posiciona al lado del marxismo, es una activista feminista antirracista (algo ni por asomo tan común como debería ser) que ha vivido en primera persona qué significa el luchar por tus propias ideas. Fue expulsada de la Universidad de California al descubrirse su afiliación al Partido Comunista de Estados Unidos. Se relacionó con el movimiento Panteras Negras, fue declarada una de las criminales más buscadas por el FBI: Davis fue tratada como una auténtica criminal por luchar por sus ideales, y aún le quedaron ganas de seguir proclamándolos. 

 

“¿Por qué aprendemos a temer el terrorismo pero no el racismo, el sexismo, el machismo, no la homofobia?”

 

Marguerite Duras (1914-1996):

 

Fue una novelista, guionista y directora de cine francesa. Sufrió una deportación a Alemania durante la Segunda Guerra Mundial por colaborar en París con la resistencia. Igual que el resto de mujeres de la lista, Duras fue una luchadora nata y su vida se vio reflejada en su obra. Sus vivencias en Indochina junto a su madre fueron las que la inspiraron para escribir Un dique contra el pacífico. Habló siempre sobre el amor, el sexo, la muerte y la soledad. Tal como he dicho anteriormente, la obra de Marguerite estaba tan ligada a su vida que no se puede entender a la una sin conocer a la otra. 

 

“Nunca he escrito, creyendo hacerlo. Nunca he amado, creyendo amar. Nunca he hecho nada salvo esperar delante de la puerta cerrada.”

 

Concha Méndez (1898-1986)

 

Es posible que la historia de Méndez sea una de las grandes injusticias cometidas por el cánon literario español. Formó parte de la generación del 27. Por supuesto, fue silenciada junto al resto de sus compañeras, las Sinsombrero. Es decir, que Méndez no solo tuvo que sufrir vivir durante los años más crudos de la historia de nuestro país, soportando la guerra que le arrebató la vida plácida que todos deberíamos tener y que además la mandó lejos de todo aquello que conocía; también, después de una vida dedicada a la escritura y la edición, el sitio que la vio nacer fue incapaz de reconocer el talento que brillaba en su interior, afirmando que la generación del 27 fue una constelación de escritores varones que vivieron durante el siglo XX en España.

 

“Fantasmas de hielo y sombra

animados y sin alma

me cercan por todas partes

adondequiera que vaya.”

 

Maria Mercè Marçal (1952-1998):

 

Maria Mercè Marçal fue una poeta y activista feminista. Desgraciadamente, murió a los 45 años a causa de un cáncer. A pesar de todo, fue capaz de hacerse un hueco en la literatura catalana. Su nombre se ha mezclado de tal manera con la poesía de nuestra tierra que ya es imposible que caiga en el olvido. Maria escribía como quien intenta que un bebé se vaya a dormir: poniendo todo su empeño y todo su cariño. A pesar de que la poesía fue su género predilecto, también se atrevió con los ensayos y la narrativa. Escribió una única novela, La Passió Segons Renée Vivien, y habló por primera vez en la literatura catalana sobre la homosexualidad femenina en Terra de Mai. 

 

“Avui, sabeu? les fades i les bruixes s'estimen.

Han canviat entre elles escombres i varetes.

I amb cucurull de nit i tarot de poetes

endevinen l'enllà, on les ombres s'animen.”

 

Alejandra Pizarnik (1936-1972):

 

A día de hoy estoy segura de que ya no quedan palabras para describir a Pizarnik, porque dominó el lenguaje de tal manera que todo lo que se pueda decir sobre ella no le hará justicia. Leer a Pizarnik es abrirse el alma y dejarla entrar. De verdad que Alejandra respira todavía porque mientras quede gente que la lea (y de eso habrá siempre) nunca se irá del todo. Escribía desde la soledad de su propia alma, que a veces era un lugar demasiado oscuro y solitario incluso para ella. Tanto, que por desgracia terminó por quitarse la vida, después de una búsqueda infructuosa por encontrar un lugar al que pertenecer y en el cual esconderse de la angustia que siempre la acompañaba. 

 

“Yo no sé de pájaros,

no conozco la historia del fuego.

Pero creo que mi soledad debería tener alas.”

 

Sylvia Plath (1932-1963):

 

Es considerada, junto a la siguiente autora, una de las principales cultivadoras de la poesía confesional. Además de escribir una poesía extremadamente personal, Plath cuidaba los detalles, hasta el punto de que decidió empezar su poemario Ariel con la palabra “amor” y terminarlo por “primavera”. Desde luego, Sylvia no parecía una mujer dispuesta a rendirse. La peor enemiga de Plath fue, sin lugar a dudas, ella misma. A día de hoy la recordamos como la poeta excelente que era, pero Plath se atrevió también con la prosa y las obras para niños. Su novela La Campana de Cristal fue publicada bajo el pseudónimo de Victoria Lucas y es una obra semiautobiográfica. 

 

“Respiré profundamente y escuché el antiguo estribillo de mi corazón. 

Yo soy, yo soy, yo soy.”

 

Anne Sexton (1928-1974):

 

He dicho anteriormente que Sexton fue la otra cara de la poesía confesional, y no es para menos. Habló de temas tan tabúes para su época como la menstruación, el aborto o la drogadicción. Se volcó por completo en su obra cuando empezó a escribir, decisión que no fue bien vista del todo por su familia, que veía la poesía sincera de Sexton como una violación a la intimidad. Aun así, Anne no dudó en ningún momento en rechazar su papel como perfecta ama de casa para cultivar su talento. El que afirme que quien tiene talento de verdad no necesita inspiración, no ha cogido un libro de Anne Sexton inspirado en sus propias vivencias.

 

“Ahora que he escrito tantas palabras,

Y dejado tantos amores, para tantos,

Y he sido completamente lo que siempre fui –

Una mujer de excesos, de celos y codicia,

El esfuerzo me parece inútil.”

 

Virginia Woolf (1882-1941):

 

No necesita presentación pero es casi un sacrilegio hablar de escritoras que abrieron el camino y no mencionarla a ella. Por mucho que ahora podamos encontrarle defectos a su discurso, que ampara sobretodo a las mujeres blancas de clase alta, Virginia estuvo adelantada a su época, exigiendo mucho más que lo que pedían las sufragistas, que se limitaban al voto femenino. Virginia luchaba por la emancipación de las mujeres desde sus libros, utilizando las palabras de forma magistral y llenando de simbolismo sus discursos. Su obra Orlando, además, está considerada una de las más hermosas cartas de amor: escribió el libro para su amante Vita Sackville-West, que no pudo heredar su hogar por haber nacido mujer. 

 

“La literatura está abierta a todos. No te permitiré, por más bedel que seas, que me apartes de la hierba. Cierra con llave tus bibliotecas, si quieres, pero no hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente.”

 

 

Maria Fernández Beltran

 

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