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Mundo rural, testimonios

Como no es un secreto que ser emprendedor en España no es ni mucho menos tarea fácil, y después de haber leído el artículo sobre las mujeres en el mundo rural, supongo que no será extremadamente difícil de asumir que empezar un negocio en dicho ámbito no es un paseo. Más bien, yo lo describiría como la aventura de una vida. Eso es exactamente lo que nos han confirmado tres mujeres que se han abierto paso con uñas y dientes a través de un mundo al que siempre han pertenecido desde las sombras. Maite Pallarès, Rosa Domènec y Urgell Isus, las tres parte de la Associació de dones agricultores i ramaderes de Catalunya de la cual se habló en el anterior artículo. A las tres se les hicieron preguntas parecidas sobre sus respectivos negocios, y no va a ser complicado obtener conclusiones a partir de sus respuestas: 

 

Maite Pallarès, Terra de Burgans.

 

¿Por qué surge tu proyecto? ¿Qué te inspira?

 

En casa siempre hemos trabajado la tierra, siempre hemos trabajado sin productos químicos y siempre hemos tenido el huerto para nosotros. Además, yo siempre he vivido y trabajado fuera, y la verdad, siempre he querido volver a las raíces. He disfrutado siempre de mi tierra y de la naturaleza, y de alguna manera quería que la gente, que se ha desvinculado mucho de este ambiente, encontraran de alguna manera un camino de vuelta a estos valores, a los pequeños placeres que comporta el vivir más cerca de este mundo. Yo lo tenía tan interiorizado que me dolía ver cómo la gente se alejaba e incluso llegaba a infravalorar el trabajo de quienes se dedican a la agricultura, cuando es lo más importante que tenemos. Es decir, es la base de nuestra alimentación, y si no tenemos una buena alimentación, tampoco tenemos salud. Creo que nadie es consciente de eso. Es decir, valoro la importancia de valorar la buena comida, la naturaleza, el contacto y a las personas. Tenía clarísimo que algún día volvería al principio y me dedicaría a ello, y cuando hace cinco años se terminó mi contrato, en lugar de buscar otro trabajo, encontré una oportunidad cuando descubrí que podía acceder a ciertas ayudas para sostener mi proyecto, el cual sin ellas no sería posible porque, de nuevo, el producto está muy desvalorizado. De todos modos, es muy complicado. Y mientras he tenido que ir sorteando todas las dificultades, he tenido que aprender yo misma todo lo que he podido acerca del aceite, no solo por mí sino para que el resto de personas pudieran aprender a diferenciar también un buen aceite y su potencial, que volvieran a aprender la importancia, qué es tener criterio propio.En general, volver a conocer el sabor real de los alimentos que compramos en el supermercado. 

 

¿Qué es lo que diferencia tu aceite? 

 

Empiezo a recoger tan pronto la aceituna está preparada. Para mí es muy importante el punto de maduración. La aceituna recogida del árbol es de mayor calidad. De ocho a cuatro de la tarde estoy recolectando las aceitunas y después me voy al molino, donde yo misma escojo la temperatura y hago todo el proceso de manera que el aceite se conserve con el mejor sabor posible durante el mayor tiempo que pueda. Cada día, además, hago mis propias catas de aceite.

 

¿Te has encontrado dificultades para ser mujer? 

 

Sí, siempre hay comentarios. Cuando empecé el proyecto, incluso entre amigos, me decían que lo primero que tenía que hacer era aprender a trabajar la tierra. El hecho de sobreentender que había cosas que yo simplemente no podía hacer, se ofrecían para ayudarme cuando ni siquiera había pedido ayuda, daban consejos que no había pedido… En fin. Yo tengo el plato en mi mesa y la vida no me la ha solucionado nunca nadie. 

 

¿Has visto un cambio durante los últimos años? 

 

Por desgracia, conozco a un par de chicas, pero no creo que haya habido un cambio muy grande. 

 

Y, ¿qué consejo le darías a una chica que quisiera empezar en el mundo del aceite?

 

Pues que si le gusta, que no escuche a nadie. Que aprenda mucho, que se asesore. Esto es una aventura, o estás muy bien preparada o muy bien formada o estás destinada a la ruina contínua. Continuamente, estamos vendiendo nuestro proyecto por debajo de su valor. Desde el momento en el que existen ayudas para mantener nuestros negocios… Lo que tendría que hacerse es pagar la fruta, por ejemplo, al precio que corresponde. Las ayudas no deberían ser necesarias. Tiene que tener claro que el enemigo tiene que ser este. Además, tiene que empezar por poco. Reducir al máximo los costes. Todo lo que pueda hacer ella sola y lo pueda hacer bien… Que tenga presente que ese es el futuro de la agricultura. 

 

Rosa Doménec, celler Xavier Clua:

 

¿Qué hace vuestro vino diferente, según tú? 

 

Es una empresa familiar. Consideramos muy importante conocer tus raíces. Conocemos la historia de muchas madres, tías y sobretodo abuelas que trabajaban en el campo y al terminar, continuaban trabajando en casa. De aquí venimos y esto es lo que queremos recordar. Todos nuestros vinos contienen algo personal de cada uno y vienen directamente de nuestras viñas, las cuales nos dejaron nuestras famílias. Es decir, dependiendo del tipo de racimo en cada viña elaboramos un tipo de vino diferente. Como ya he dicho que somos una empresa familiar, intentamos darle a nuestro producto nuestro toque original. Hay un vino al cual llamamos Il·lusió, porque murió mi padre pero cuando nació mi sobrino nos trajo a todos la ilusión que necesitábamos para seguir adelante. Otro, que se llama Airam, es el nombre de nuestra hija. El mas de en Pol es el nombre de la finca donde nació mi pareja, Xavier. Es decir, todo está relacionado con casa. Es tan importante saber de dónde vienes y tener en cuenta que sin todo eso nosotros no estaríamos aquí… Sin una familia detrás de todo esto, esto no funciona. Nosotros fuimos valientes de enfocar la empresa a la parte agrícola. Siempre recordaré que la primera vez que le dije a mi abuela que quería ser enóloga, ella me contestó que “¡eso es un trabajo de hombres! ¡Tú tienes que ser maestra!” Pero yo lo tenía muy claro. Hace generaciones que en mi família hacen vino y en la de Xavier también. Ya venimos de esto. 

 

Entonces, ¿las mujeres han estado implicadas desde siempre en la empresa?

 

Sí, a ver, mi madre toda la vida ha trabajado en el campo, por ejemplo. La madre de Xavi también. La enología siempre ha sido nuestro terreno. 

 

Y, ¿se te ocurre alguna mala experiencia en el mundo del vino que hayas sufrido por el hecho de ser mujer? 

 

Yo he tenido mucha suerte, la verdad. Siempre han confiado mucho en mí. Es cierto que alguna vez, si algún hombre me ha visto con la manguera, han intentado quitármela por hacerlo ellos, como si yo no supiera de sobras. Es muy importante poder rodearte de gente que te valoren por todo lo que sabes.

 

Y como tu te has rodeado de tu propia familia, no has tenido que sufrir el machismo, ¿verdad?

 

No, por supuesto que no. Hemos tenido todos las mismas oportunidades, todos hemos participado en la toma de decisiones. 

 

¿Qué consejo le darías a una chica que quisiera ser enóloga?

 

Primero de todo, que le tiene que gustar muchísimo el trabajo. Eso por supuesto. Y luchar. Luchar mucho, porque hoy en día las mujeres estamos preparadas para todo. A diferencia de nuestras abuelas, no dependemos económicamente de absolutamente nadie. Tenemos toda la educación que queramos a nuestro alcance. Tienes que ir ganando batallas poco a poco, y eso significa que tenemos que ser personas valientes. Las mujeres siempre tenemos que hacer la revolución. Tenemos que demostrar constantemente que sabemos hacerlo bien, que sabemos de lo que hablamos. 

 

¿Has visto algún cambio durante estos últimos años?

 

Llevo trabajando en esto veinte años. Y cuando yo estudiaba había ya más mujeres que hombres estudiando enología. Y últimamente, sí, he visto un cambio, la verdad. Quien se dedica a esto, quien lo estudia, es porque realmente está comprometido y le gusta el mundo del vino. Esas mujeres están repartidas. Algunas tienen empresas propias, otras están en laboratorio… Hemos mejorado. 

 

Urgell Isus Julià

 

¿Cómo surgió el proyecto? 

 

Bueno, el mío es un proyecto familiar. Ni mi marido ni yo venimos del mundo rural. Nos casamos, y siempre nos sentimos atraídos por él. Así que nos fuimos a vivir en un pequeño pueblo cerca de la Seu d’Urgell. Surgió la posibilidad de comprar unas vacas. Muy pocas al principio, unas doce. Cuando empezamos era tan solo un hobby. Tanto mi marido como yo teníamos nuestros respectivos trabajos. Además, nuestros animales están todo el año al aire libre. Eso también nos da más independencia, porque no tenemos que estar cada día en contacto con los animales. De todos modos, a nuestro hijo mediano siempre le ha llamado mucho la atención este tema, y cuando decidió meterse el negocio empezó a ir en serio. Ahora tenemos más de 120 madres. Queda muy romántico que dos personas que aunque hayan escuchado hablar del mundo rural toda la vida sin formar parte de él decidan dejarlo todo para dedicarse a ello, pero realmente ha sido muy duro. 

 

Entonces, ¿lleváis vosotros todo el proceso?

 

Sí. Vamos a buscar a las crías con seis meses, cuando ya se tienen que empezar a separar de la madre. Antes los vendíamos directamente, pero después de un par de años pensando en ello decidimos buscar un método ecológico para hacerlo y llevar nosotros el proceso hasta el final. Es decir, desde hace cinco años tenemos a la madre, a la cría, lo criamos, dejamos que lo amamante hasta los seis meses, como he dicho anteriormente, intercalamos el que coma hierba con que coma pienso ecológico, y cuando tienen entre doce y catorce meses los llevamos personalmente al matadero. De allí salimos con diferentes tipos de lotes, todo envasado,...El 80% de las comandas vienen de internet. Tenemos diferentes tipos de vacas, además. Una es la raza autóctona del Pirineo, y la otra, por diferenciarnos de lo que había en el mercado, apostamos por una vaca originaria de Escocia. 

 

¿Cuánta gente sois trabajando?

 

En estos momentos, tan solo tres. Mi marido, mi hijo y yo. Pero lo tenemos muy bien distribuído. Cada uno sabe qué tiene que hacer, y el hecho de que los animales no necesitan vigilancia constante nos da mucha libertad. 

 

¿Crees que hay más mujeres en el mundo rural últimamente?

 

Sí, yo creo que sí. Quince años atrás, en las reuniones, era muy raro encontrar a una mujer, y más una mujer que fuera titular de su negocio. Últimamente, hay más mujeres, o por lo menos son más visibles. 

 

Y, ¿te has encontrado con alguna dificultad por ser mujer?

 

No. Tampoco se me han abierto más puertas, por supuesto. Y yo, además, me encargo más de tareas administrativas. Eso no quiere decir, por supuesto, que no sea verdad que las mujeres lo tengamos más difícil en otro tipo de tareas como el transporte, por ejemplo, o el trabajo directo en el campo. 

 

Y, por último, ¿qué consejo le darías a una chica que quisiera empezar en el sector?

 

Pues muchas ganas, y también hay que ser muy realista. Tienes que tener un buen cojín detrás. Es muy romántico vivir en el pueblo, pero tienes que ser consecuente y ser consciente de que muchas veces tienes que depender de tus propios ahorros para cubrir tus inversiones. Y conciencia de que ahora toca luchar, sobretodo, para mantener nuestro mundo rural, que solo vive el fin de semana. Pero es que un pueblo no se nutre de un fin de semana: se nutre de su día a día.

 

 

Si queréis repasar las experiencias de estas tres mujeres, estaréis de acuerdo conmigo en que:

 

  1. A todas y a cada una de ellas les apasiona el mundo rural y sus negocios y que son plenamente conscientes de la lucha diaria que tienen que librar día a día para sacar adelante sus respectivos proyectos, individuales o bien con sus familias. Y con ello, se esfuerzan también para mantener el medio que les da la vida. 
  2. Las raíces juegan una parte importantísima en las vidas de las mujeres que han compartido sus experiencias con nosotras. 
  3. Entre líneas puedes leer la esperanza de quien siente cerca un cambio, el despertar de la bestia después de un largo periodo de hibernación. 

 

No creo necesario alargar más de la cuenta un artículo en el que se ha hablado de lo complicado que es seguir adelante en nuestro país y de lo importante que es trabajar para que lo que te apasiona siga adelante. A buen entendedor, pocas palabras bastan, y confío en que el eco de estas tres historias os recuerden a qué sonaban las historias de vuestras abuelas y a qué olían vuestros domingos en el campo, que resuenen dentro y os despierten aquello que era importante y que hace tiempo que no despertamos. 

 

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