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Dones del món rural

Hoy en día el mundo rural vive en una lucha constante por no desaparecer. El producto preparado con tanto mimo no tiene nada que hacer contra los precios impuestos por las grandes empresas, la gente de la ciudad es apenas consciente de que hay una realidad diferente a la suya y no hace esfuerzo alguno en aportar su granito de arena. Y en un entorno en donde la supervivencia ha tenido que imponerse y el cual ignoramos sistemáticamente, a no ser que nos de por el turismo rural y por ponernos un poco en contacto con la naturaleza, olvidamos que hay una segunda lucha soportada por las mujeres del sector, otro grupo que intenta abrirse paso en un mundo que ha sido de hombres durante demasiado tiempo, que no ha reconocido su presencia. 

La semilla de la revolución rural en Catalunya la plantaron las compañeras de la asociación Dones del Món Rural al viajar hasta el país Vasco para ver por ellas mismas el poder del empoderamiento femenino en el sector e intentar llevárselo a casa. La semilla ya ha germinado después de un duro invierno, y nosotras ya podemos exhalar el aliento que no nos habíamos dado cuenta de que estábamos conteniendo. Las mujeres de la asociación fueron, originalmente, doce trabajadoras del sector primario; decidieron crear un grupo de whatsapp para compartir información sobre cursos, jornadas, ferias… Y años más tarde, la asociación se convirtió en una realidad. 

Tuvimos la suerte de poder hablar con Marcel·la Otamendi, una de las coordinadoras del grupo en Les Terres de l’Ebre, y a pesar de no poder evitar divagar sobre los problemas a los que nuestro terreno se enfrenta y el feminismo, con su pega principal, que es que una vez empiezas a quejarte no puedes parar de enlazar temas, conseguimos sacar adelante la entrevista.

En palabras de la coordinadora:  “el mundo rural es el gran olvidado excepto cuando se trata de postureo. Cuando quieres demostrar que estás reconectando con la naturaleza, poner fotos del paisaje,... En fin, lo que viene siendo el turismo rural. Pero es el único momento en el que nos hacen caso. Después, a la hora de darle valor a nuestros productos, lo cierto es que no hay manera de competir contra la producción en masa. Podemos competir en calidad, evidentemente, y podemos intentar culpar a las grandes empresas o al sistema, pero la realidad es que tenemos que culparnos a nosotros mismos, a las personas que vamos al supermercado y no nos molestamos en mirar la etiqueta. Tenemos productos buenísimos y detrás de estos productos hay muchísimas mujeres, de verdad.” Y su asociación nos muestra que hay una realidad de mujeres valientes luchando día a día por salvar el entorno en el que han crecido y con el que se ganan la vida. Dones del Món Rural deja claro que las mujeres que se dedican al mundo rural son luchadoras por partida doble, por creer en un sector maltratado constantemente y por enfrentarse a las desigualdades a las que, por desgracia, tenemos que seguir plantando cara. 

En la asociación hay 140 socias. El 50,4% son las titulares de su propio negocio,  un 10,4% son cotitulares y un 25,9% forman parte de una sociedad y participan como socias. El resto sí que son trabajadoras, o su empresa es propiedad de familiares o parejas, pero la mayoría de las socias son las encargadas de supervisar el proceso de producción y hay muchas que llegan a comercializar su producto. Hay otra figura que no se cuenta dentro de este número que es la amiga o amigo de la asociación, a quienes Dones del Món Rural brindan su apoyo. Si alguien tiene alguna duda, cualquiera de las socias se puede poner en contacto con esta persona y brindarle sus conocimientos, ayudando en todo lo que necesite. Es decir, el grupo ya está formado por mucha gente. 

Otamendi recuerda: “básicamente, nos apoyamos las unas a las otras. Hay que recordar que nuestro grupo nace por la necesidad de darnos más visibilidad en un mundo tan masculinizado. Pero nosotras siempre hemos estado ahí, no es que hayamos aparecido ahora. Lo que queremos por encima de todo, y necesitamos, es estar presentes en la administración, que nos hagan caso. Los sindicatos desconfían un poco, no saben exactamente qué buscamos. Nosotras tan solo hemos venido a sumar, y a nada más.”

Algo que según Marcel·la, algunos hombres todavía son incapaces de entender. Para ellos, las mujeres de la asociación son todavía una figura decorativa, como si cuando hablaras de una asociación de mujeres, estuvieras hablando de un grupo de amas de casa, con las lavadoras y los ganchillos. Por lo menos en el mundo rural. Todas ellas son profesionales del sector primario, en muchísimos ámbitos, capaces, por supuesto, de ofrecer sus conocimientos y aportar otro punto de vista.

Hablando con Marcel·la me di cuenta de lo importante que es que las mujeres dispongan de un espacio en el que se sientan seguras. Como afirmó ella durante nuestra conversación, no es que las mujeres no hayan estado presentes en el sector primario, es que no se les ha tenido en cuenta, y su trabajo ha sido igual de duro que el de sus compañeros. La realidad y la prueba irrefutable de que el grupo Dones del Món Rural era imperativo y necesario que apareciera es la problemática de que en las administraciones haya tan pocas mujeres. Cada cual puede imaginarse a un hombre o a una mujer a cargo de una granja o de una plantación (y a mi siempre me gusta imaginarme a mujeres haciendo su trabajo y triunfando), pero si eso no se traduce en los organismos oficiales es que todavía tenemos mucho camino que recorrer. Marcel·la aseguró que hay mujeres en todas partes, que hay un ambiente de sororidad increíble y que su grupo siempre se ha sentido apoyado por estas mujeres que son conscientes de que todavía queda mucho camino por recorrer, y muchas historias que contar. 

Dones del món rural nos ha destapado a mujeres del sector primario que luchan por sacar adelante sus negocios día a día, mujeres en el mundo del aceite, del vino, el arroz, el sector marítimo… Y es hora de darles el altavoz. Esta vez, el mundo rural es tierra de mujeres, esta vez toca demostrar que la cosecha no se recoge con la mitad de los trabajadores, que el trabajo de salvar el sector primario es de todas. 

 

Marcel·la Otamendi i Maria Fernández Beltran

 

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