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Sobre por qué la sororidad es imprescindible en la lucha contra el patriarcado

He tenido que observar, un poco confusa, cómo se le atribuían misiones al feminismo que, a mi parecer, no le correspondían; cómo se exigía más al propio movimiento de lo que realmente es, de la misma manera que a las mujeres siempre se nos ha exigido más por el simple hecho de serlo. Estas exigencias han manchado, también, el término sororidad. Igual que nuestra naturaleza muchas veces ha sido usada en nuestra contra, también nuestras acciones son arrojadas contra nosotras para desacreditar nuestras palabras y desestimar nuestras peticiones.

La sororidad se refiere a la hermandad entre mujeres, simplemente. Nos unimos todas para apoyarnos en un ámbito social, para poder luchar con más fuerza contra los obstáculos que tenemos que superar por el simple hecho de haber nacido mujeres, por vivir en una sociedad patriarcal (aunque hayan personas que todavía tengan el nervio de negar este hecho), por ser el segundo sexo, el débil. Me parece que la sororidad es muy necesaria a día de hoy. Creo que intenta negarse su existencia defendiendo que las mujeres somos, por naturaleza, envidiosas y más problemáticas que los hombres. Es común, también, que se diga de nosotras que nos clavamos cuchillos por detrás, que tenemos que caminar de espaldas porque las tenemos llenas de cicatrices; que somos competitivas y menospreciamos lo que nuestras compañeras hacen y que no nos importa hacernos daño. Ni siquiera podemos mostrarnos en desacuerdo con según que cosas porque enseguida parece que solo busquemos problemas.

Pero no es esto lo que veo yo. No es esta la relación entre mujeres que veo realmente. Por mucho que haya diferencias, no creo que éstas sean determinadas por el sexo entre los individuos sino más bien por motivos personales que también pueden darse entre los hombres. No es justo que se juzgue a una mujer por tener problemas con otra, no es justo que se siga perpetuando esta imagen nuestra de seres infelices que viven pisoteándose mutuamente, o quizás es solo el reproche a una parte de la población que se supone que siempre debe mostrarse sumisa y con una sonrisa, sin hacer ruido ni defenderse.

O también puede ser que sea menos peligroso para el sistema establecido mostrarnos como un frente roto de filas desiguales. Pero no.

Lo que realmente muestran las mujeres cuando se unen en un ambiente de sororidad es lo que pasa el 8M, lo que pasa cuando se lucha contra la poca visibilización de la mujer en este sistema patriarcal,

cuando lanzamos piedras contra el techo de cristal,

cuando las Guerrilla Girls defienden que el número de desnudos femeninos no se corresponde con el número de mujeres artistas expuestas en el Met (85% de los desnudos al lado del 5% de artistas),

cuando aparecen proyectos que buscan desenterrar a la mujer a lo largo de la historia, que buscan mostrar el papel que, por mucho que intenten esconder, hemos protagonizado;

cuando nos esforzamos para aumentar la presencia femenina en nuestras estanterías, en las notícias sobre deportes,

cuando, simplemente, encendemos una luz roja al escuchar un comentario fuera de lugar e injusto sobre cualquier compañera,

cuando alzamos el puño hacia arriba para golpear las falsas acusaciones;

cuando una desconocida te protege por la calle de un hombre que se te ha acercado con dudosas intenciones;

cuando proclamamos que si nos tocan a una, nos tocan a todas y salimos a la calle a rugir por una sentencia injusta, y nos escandalizamos por el maltrato a las víctimas que ya han aguantado bastante.

Ojalá dejen de culparnos de ser algo que no somos, ojalá dejen de juzgarnos continuamente y podamos dejar de levantar las manos al aire en señal de rendición y disculpa ante un crimen que nunca hemos cometido, compañeras. Hasta que ese día llegue, por el momento, y por mucho que se nos exija luchar en batallas que no nos corresponden, vamos a tener que seguir llevando el feminismo por bandera. Vamos a tener que caminar bajo un solo estandarte. El de la sororidad, el que nos debe recordar, compañeras, que es cierto que si tocan a una, tocan a todas, y que cada salto individual es un pasito para todas las demás que nos acerca a la meta, a la igualdad.

 

Maria Fernández Beltran

 

Fotografía: Bruna Avellaneda @brunavellaneda

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